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Hace años, cuando empezaba a dar formación en habilidades sociales, y con unos años a mis espaldas actuando como mago, me di cuenta de que ambos mundos estaban estrechamente relacionados, pero no conseguía identificar por qué.
Con el tiempo entendí que cuando me subía a un escenario, ya fuera en la universidad delante de mis alumnos, en la empresa de turno con los directivos o en el pub para unos pocos “trasnochados”, mi objetivo era el mismo: que a mi público le llegara de la manera más eficiente posible el mensaje que le quería transmitir.
¡Claro! Es que la magia, tal y como la concebimos, no es el fin último, es tan sólo la manera de llegar a ese fin último. La magia es únicamente una estrategia de comunicación muy bien cuidada para que el espectador sienta un único mensaje “la posibilidad del imposible”.
Así de simple, y así de complejo.
Da igual si son cartas, monedas, la estatua de la libertad o simples palabras: toda disciplina de la magia persigue que te lleves ese mensaje contigo. Por tanto, todo lo que hago, digo y callo forma parte de una estrategia comunicativa que persigue transmitir el mensaje más ambicioso posible: “la posibilidad del imposible”.
Por así decirlo, el contenido empieza a ser lo menos importante, y la manera que los participantes tienen de integrar ese contenido empieza a ser lo capital. Llevamos años hablando de liderazgo, de estrategia, de trabajo en equipo, de persuasión, etc.; créeme que la mayoría de las cosas ya están escritas, y las que no, progresan mucho más lento que la necesidad que tenemos los formadores de innovar en el método.
¿Recuerdas que el mago sólo quería transmitir “la posibilidad del imposible”? Piensa ahora en qué quiere transmitir ese formador: ¿La importancia del liderazgo situacional? ¿El desarrollo de la comunicación no verbal asociada a la influencia y la persuasión? ¿Los distintos roles que asumimos en cada equipo y el estilo de comunicación de cada uno? ¡Perfecto! Ya tiene claro su objetivo comunicativo. Ahora solamente tiene que elegir la manera de transmitirlo: un buen marco teórico, dinámicas activas de reflexión, casos prácticos de puesta en situación, Lego Serious Play para trabajar desde la construcción del participante, etc. son opciones válidas para poder trabajar esos conceptos. Desde hoy, además, añadimos una nueva herramienta: la magia.
Si volvemos al modelo de Kolb, el juego de magia impacta directamente sobre la parte experiencial del aprendizaje; la explicación del «truco» y su paralelismo sobre el modelo teórico hace trabajar la parte reflexiva y conceptual; y, por último, el trabajo de facilitación de compromisos hace referencia a la practicidad que todo proceso de aprendizaje debe tener.
Es ahí donde reside la importancia de la magia como metodología. Por un lado, genera una expectativa y un impacto que hace imposible no entrar en el proceso de aprendizaje y, por otro lado, se construye a partir del «truco», a partir del «secreto», la utilidad práctica que para los participantes tienen esos conceptos en su día a día.



1 Comment
Magnífico post.