Cláusulas abusivas en contratos de financiación

Todos, en alguna ocasión, firmamos contratos de financiación, tanto en nuestra vida cotidiana (compraventa financiada de un vehículo, préstamo hipotecario de nuestra vivienda, etc.), como en el ámbito profesional (financiación de maquinaria, de circulante, etc.). Estos contratos son, en algunos casos, contratos de adhesión, en los que una de las partes -el bancorealiza la oferta y la otra se adhiere, sin posibilidad de negociar individualmente las cláusulas. En otras ocasiones, se trata de contratos individuales en los que existe cierto margen de negociación. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, los contratos no se negocian, bien por desconocimiento, bien porque son tan largos y complejos que personas no expertas pueden no entenderlos.

En ambas circunstancias, esta mayor o menor predisposición del contenido por parte de una de las partes, que al fin y al cabo acaba imponiendo las cláusulas, ocasiona una situación de desequilibrio.

En primer lugar, y cuando en nuestro día a día nos encontramos con un contrato de adhesión, tanto empresarios como consumidores contamos con leyes que amparan nuestros derechos. En este sentido, es aplicable la Ley 7/1998 sobre Condiciones Generales de la Contratación. Esta Ley obliga a que el empresario que pretenda imponer cláusulas a una pluralidad de contratos, con otros empresarios o con consumidores, tome determinadas medidas al respecto, entre las que se encuentran, básicamente, que las cláusulas sean conocidas y que se redacten de forma transparente, con claridad, concreción y sencillez.

Por su parte, los consumidores y usuarios (esto es, las personas que contratamos fuera del ámbito de la actividad profesional) gozamos de determinadas garantías adicionales, recogidas en el Texto Refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios. Según este texto legal, son cláusulas abusivas las que no se hayan negociado individualmente y que, en contra de las exigencias de la buena fe, causen, en perjuicio de una de las partes, un desequilibrio importante de derechos y obligaciones.

La utilización por parte del sector financiero de su posición predominante, plasmada en los contratos financieros, ha provocado una corriente de pronunciamientos judiciales que pretenden proteger al consumidor.

La problemática de las cláusulas abusivas está tan a la orden del día que incluso Tribunales de fuera de nuestras fronteras se han pronunciado al respecto.Así, el 14 de marzo de 2013 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó sentencia, planteándose si determinadas cláusulas (cláusula de vencimiento anticipado en contratos de larga duración y de fijación de intereses de demora, entre otras) pueden ser abusivas. Estas cláusulas, y otras, se vienen introduciendo en contratos de financiación de manera generalizada.

Por tanto, conviene conocer el criterio de los tribunales para saber cuándo deberíamos tratar de negociarlas o, en el peor de los casos, oponernos a las consecuencias que puedan traer consigo, una vez que el contrato está firmado.

En este artículo analizamos algunas de las cláusulas típicas que incorporan los bancos en sus contratos, y explicamos cuáles se han considerado abusivas por los tribunales y cuáles no.

CLÁUSULAS DE FIJACIÓN DE INTERESES

a) Cláusula suelo
En los préstamos de interés variable, el tipo de interés se establece por referencia a un tipo oficial (normalmente, el Euribor) y añadiendo un margen. La cláusula suelo protege a la entidad financiera frente a bajadas del tipo de referencia, de forma que llegado al suelo fijado, el interés aplicable al préstamo permanecerá invariable, es decir, el consumidor no se beneficiará de esa bajada de los tipos, una vez alcanzado el suelo. Existen también las denominadas cláusulas techo, en las que se fija un tipo máximo a partir del cual tampoco el banco se beneficiaría de la subida del tipo de interés. Son menos frecuentes en la práctica, aunque también cabe -y convienerequerir su inclusión en el contrato.

La cláusula suelo, en principio, no tiene porqué ser abusiva, salvo que no sea clara y transparente, o falte información suficiente para el consumidor.  Así lo ha entendido el Tribunal Supremo en la sentencia de 9 de mayo de 2013. A pesar de ello, no permitió recuperar las cantidades pagadas por el deudor en exceso como consecuencia de la aplicación de la cláusula suelo. No obstante, ha habido otras sentencias de tribunales menores que, en cambio, sí que lo han permitido.

b) Cláusula de redondeo al alza
La cláusula de redondeo al alza es aquella en la que, en los contratos de préstamo a interés variable, se impone el redondeo siempre por exceso a un factor o fracción de punto porcentual, normalmente, un cuarto de punto porcentual (0,25%) o un octavo de punto porcentual (0,125%). De esta manera, el tipo a aplicar pactado (principalmente, el Euribor, que el Banco de España publica oficial y periódicamente en el BOE) se redondeará por exceso a un factor de redondeo, incrementándose, por ejemplo, en 0,25 puntos. Esta cláusula es abusiva, ya que debilita la posición del deudor.

c) Cláusula de intereses excesivos
Los intereses de demora se configuran como sanción y tienen como finalidad indemnizar los perjuicios causados por el retraso del deudor en el cumplimiento de sus pagos. La ilegalidad de esta cláusula se desprenderá únicamente del posible exceso de los tipos de interés aplicables. Como ejemplo, el artículo 114 de la Ley Hipotecaria establece que el interés de demora para los préstamos de vivienda habitual no podrá exceder del triple del interés legal del dinero.

Los intereses remuneratorios, por su parte, se configuran como la contraprestación que recibe la entidad de crédito por el préstamo. A causa de ello, tales intereses forman parte del precio mismo del contrato, por lo que no pueden ser declarados abusivos.
Sin embargo, a los intereses remuneratorios cabe aplicarles la Ley de 23 de julio de 1908, sobre nulidad de los contratos de préstamos usurarios, por la que si los intereses son “superiores al normal del dinero y manifiestamente desproporcionados con las circunstancias del caso” o han sido “aceptados a causa de su situación angustiosa, de su inexperiencia, o de lo limitado de sus facultades mentales”, la cláusula que los contiene, así como el contrato mismo, serán declarados nulos, debiendo devolverse las cantidades aportadas por tal concepto.

CLÁUSULAS ABUSIVAS DE TERMINACIÓNANTICIPADA POR INCUMPLIMIENTO DEL DEUDOR

Con frecuencia, el banco establece que podrá declarar vencido el préstamo si se producen determinados hechos. Estas cláusulas han sido analizadas con detalle por la jurisprudencia, y algunas se han considerado abusivas por el Tribunal Supremo, en su sentencia de 16 de diciembre
de 2009:

a) La cláusula de vencimiento anticipado por el impago por parte del deudor de una sola cuota llegó a ser considerada válida por el Tribunal Supremo. No obstante, se aprobó la Ley 1/2013, de medidas para reforzar la protección a los deudores hipotecarios, reestructuración de deuda y alquiler social, que exige que, para que el vencimiento anticipado sea válido, se han de adeudar al menos tres mensualidades. La cláusula de vencimiento anticipado será abusiva si tal vencimiento se hubiera pactado por impago de un número menor de cuotas.

b) Es abusiva la cláusula que prevea el vencimiento anticipado en caso de embargo de bienes o de resultar disminuida la solvencia del deudor, ya que cualquier incidencia en su patrimonio puede servir de excusa a la entidad de crédito para rescindir el contrato.

c) No se admitió la validez de la cláusula de vencimiento anticipado por incumplimiento por parte del deudor de obligaciones
irrelevantes o meramente accesorias.

d) La cláusula que recoja la facultad de la entidad de crédito de terminar anticipadamente el contrato de préstamo hipotecario en caso de no poder registrarse la hipoteca en el Registro, por cualquier motivo, es abusiva, ya que “no cabe hacer recaer exclusivamente sobre el prestatario la circunstancia de que la hipoteca prevista no se pueda constituir”.

CLÁUSULAS ABUSIVAS QUE IMPONEN PROHIBICIONES DE DISPONER DEL INMUEBLE HIPOTECADO

a) Cláusula que prohíbe vender o gravar el bien hipotecado
Las estipulaciones que prohíben vender o gravar el inmueble hipotecado se deben considerar abusivas por vulnerar el principio de libertad de contratación y constituir una prohibición de disponer contraria al artículo 27 de la Ley Hipotecaria (sentencia del Tribunal Supremo, de 16 de diciembre de 2009).

Tampoco se puede prohibir la constitución de una hipoteca sobre bienes ya hipotecados, en tanto que la Ley Hipotecaria lo permite.

b) Cláusula que prohíbe arrendar el bien hipotecado
Tanto el Tribunal Supremo como la Dirección General de los Registros y del Notariado han considerado nula la cláusula que impide arrendar el bien hipotecado, a no ser que se trate de arriendos gravosos para el acreedor. Actualmente, la Ley de Arrendamientos Urbanos dispone que si durante la duración del contrato de arrendamiento el derecho del arrendador quedara resuelto como conseciencia de una ejecución hipotecaria, el contrato de arrendamiento quedará extinguido, salvo que dicho contrato hubiera accedido al Registro con anterioridad a la ejecución. En consecuencia, siempre que se hubiera inscrito previamente el arrendamiento en el Registro, éste subsistirá a la ejecución hipotecaria, y la cláusula que impida el arrendamiento se tendrá por no puesta.

CLÁUSULA QUE CONTIENE LA OBLIGACIÓN DE NO DESTINAR EL BIEN A UNA ACTIVIDAD PROFESIONAL

Se ha puesto de manifiesto la abusividad de la cláusula que concede a la entidad de crédito la potestad de autorizar el destino del bien hipotecado a una actividad profesional. Esta facultad supone un control excesivo, que limita el derecho a destinar una vivienda a otros usos.

¿QUÉ PODEMOS HACER SI NOS PRESENTAN UN CONTRATO CON CLÁUSULAS ABUSIVAS?

En primer lugar, a pesar del carácter complejo de los contratos de financiación, es fundamental leerlos bien, así como entenderlos adecuadamente y pedir al banco, o incluso al notario en el momento de la formalización de la escritura, las explicaciones que nos parezcan oportunas, hasta comprender bien el alcance de todas las cláusulas.

Es importante tener en cuenta que existe un cierto margen para negociar algunas cláusulas de los contratos de financiación y que puede merecer la pena invertir tiempo en hacerlo e, incluso, contar con asesores que nos asistan en esta tarea. Como dice la sabiduría popular, “más vale prevenir que curar” y en el caso de los contratos de préstamo hipotecario o financiación con garantías personales esta máxima se cumple, debido a la magnitud de las consecuencias que pueden conllevar determinadas cláusulas para el prestatario a lo largo de la vida del contrato.

Marta Gómez-Luengo y Cristian Huete.
AVEGO Abogados (Alonso, Vericat y Gómez-Luengo).

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