Si tienes que crear una formación, crea una experiencia formativa

La formación experiencial ofrece una oportunidad única para llevar a cabo un aprendizaje  significativo  que  el  participante  sea
capaz de recordar  a medio-largo plazo.

Según un estudio sobre la experiencia realizado por la prestigiosa entidad estadounidense National Training Laboratories (NTL) denominado “The Learning Pyramid” (“Pirámide del Aprendizaje”), las personas aprendemos mejor cuando entramos en contacto directo con nuestras propias experiencias y vivencias; es decir, aprendemos:

-el 5% de lo que escuchamos.
-el 10% de lo que leemos.
-el 20% de lo que escuchamos y vemos.
-el 50% cuando argumentamos en grupos de discusión guiados.
-el 75% cuando hacemos las cosas.
-el 80% cuando lo enseñamos y facilitamos a otros.

Este estudio de la NTL fue realizado a finales de los años setenta, pero cobra más sentido, si cabe, en la actualidad. Y es que, hoy en día, vivimos bajo un nuevo paradigma de la comunicación, en el que los individuos nos sentimos “infoxicados”, es decir, abrumados por el exceso de información que recibimos desde una multitud de canales.

Las empresas no son ajenas a ello y de la misma manera que necesitan adaptar su marca a los nuevas plataformas comunicativas y publicitarias, tienen que adaptar su modelo formativo para que el aprendizaje que tratan de trasladar a sus profesionales sea recordado  y no se convierta en una fuente adicional de información fácil de olvidar.

Ya no sirve únicamente con transferir conocimientos, técnicas o modelos teóricos a los empleados; hay que tratar de provocar “vivencias” a situaciones extrapolables a su entorno de trabajo. Y, sobre todo, hay que buscar la reflexión sobre esa vivencia, de manera que se transforme en experiencia recordada, y así conseguir el cambio de actitudes y comportamientos, y el desarrollo de sus habilidades. Y es que si los cambios más profundos y duraderos son los que provienen de las emociones y de las actitudes.

El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información. Albert Einstein.
Seguramente que a muchos de vosotros, tras haber leído los párrafos anteriores, se os habrán venido a la cabeza conceptos como el teambuilding o el outdoor training.  Las formaciones experienciales permiten y deben engranar aprendizajes teóricos con aprendizajes prácticos; sin embargo, no podemos confundir una formación experiencial con teambuilding o outdoor training, que son sólo una parte de la formación experiencial. Analizaremos estas diferencias más adelante, porque ahora quiero centrarme en el aprendizaje que deriva de la formación experiencial.

Podría decirse que el aprendizaje es el proceso por el cual se adquieren nuevos conocimientos, se desarrollan nuevas habilidades y conductas, se cambian actitudes y comportamientos, y se refuerzan valores. Todo esto se consigue a través de estímulos y respuestas, en un proceso en el que intervendrían tres variables: Observación + Análisis + Experiencia.

Si ponemos en práctica esta metodología de aprendizaje, seremos capaces de orientar una formación hacia una experiencia formativa y obtendremos resultados muy significativos en los participantes, observando una transformación en cuanto a sus competencias, la forma en la que se comunican, su capacidad de liderazgo y también para tomar decisiones; en definitiva, servirá para crear equipos de alto rendimiento, con fuertes valores y sentimientos de pertenencia, pues habremos sido capaces de conectar con sus emociones a través de esa experiencia formativa.

En este tipo de formaciones suelen trabajarse especialmente competencias relacionadas con el liderazgo, la comunicación, el trabajo en equipo y la creatividad.

CÓMO PLANIFICAR LA FORMACIÓN EXPERIENCIAL

Aprender a través de experiencias es la forma más natural y primitiva de hacerlo. Por ello, como ya he señalado anteriormente, la apuesta por una formación experiencial es una apuesta por un proceso mediante el cual el conocimiento se crea en base a la vivencia de una experiencia; eso sí, como cualquier otro tipo de acción formativa, debe ser perfectamente programada y dirigida. ¿De qué manera debemos planificar la formación experiencial?

1. Análisis de las necesidades

En primer lugar, hay que identificar el problema o la necesidad para la que se plantea la formación. Además, también hay que determinar cuál es el conocimiento que se quiere transmitir.

2. Diseño de la formación

En este segundo paso, se tienen que definir los ejercicios y dinámicas, además de las herramientas que vamos a utillizar, y elegir cómo aplicarlas.

3. Metodología

La metodología se basa en tres aspectos fundamentales: Practicar, Observar y Experimentar. Asimismo, es fundamental compartir experiencias así como hacer que el alumno realice un ejercicio de interpretación y de reflexión respecto a la experiencia.

4. Plan de acción

Finalmente, es necesario analizar todos estos aprendizajes y establecer un seguimiento para asegurar su aplicación en el día a día del participante en la acción formativa.

Hay que tener en cuenta, además, que esta planificación tiene que estar basada y dirigida a través de una comunicación horizontal, es decir, de igual a igual, huyendo de esquemas más jerárquicos y verticales propios de las formaciones tradicionales.

FORMACIÓN EXPERIENCIAL, MUCHO MÁS QUE OUTDOOR TRAINING

No hay que confundir la formación experiencial -perfectamente planificada, mediante la cual se viven sensaciones, emociones y situaciones que logran que el participante sea consciente de los aspectos en los que debe mejorar y trabajar, alcanzándose así compromisos de accióncon una actividad de teambuilding o outdoor training, ya que las diferencias son notables.

El teambuilding o outdoor training es una actividad puramente lúdica, cuyo objetivo es la diversión y la desconexión del ambiente de trabajo diario a través de juegos y actividades al aire libre. No existen formadores, sino monitores que nos apoyan en el desarrollo de las diferentes actividades. El beneficio está en la diversión y en el fomento del espíritu de equipo.

La formación experiencial va más allá de lo anterior, tratándose de una actividad donde se engrana lo formativo con lo lúdico y lo teórico con lo práctico; cuyo objetivo, aunque dependerá de la necesidad concreta de la organización, está enfocado a adquirir un conocimiento duradero para conseguir el cambio de actitudes y el desarrollo de habilidades. Existen formadores y también monitores, si hay ejercicios que así lo requieran, y el beneficio está en lograr que el aprendizaje sea recordado para que el participante lo aplique en su trabajo diario.
En definitiva, debemos apostar por la formación experiencial:

Porque cuando los conocimientos se adquieren a través de una experiencia propia, se aprenden,  se retienen y se recuerdan con facilidad.

Porque el participante observa y reflexiona sobre sus propios comportamientos y se implica más en su propio proceso de aprendizaje.

Porque la reflexión previa y el plan de acción facilita la aplicación de los conocimientos al puesto de trabajo.

Como apuntó el Premio Nobel y fundador de la economía conductual Daniel Kahneman en su conferencia “El enigma de la experiencia”, hay dos YO diferentes en cada persona: el “yo que tiene experiencias” y el “yo que recuerda”, que perciben la felicidad y la realidad de forma distinta.

Esta revelación tiene profundas conexiones con el artículo que acabáis de leer, y es que no sólo hay que crear una formación experiencial, hay que ser capaces de que ésta sea recordada  positivamente por el YO que recuerda. Y, para ello, tiene que estar bien planificada en el tiempo y con una buena gestión de los momentos clave de cualquier experiencia, es decir, su comienzo y su final.

Elena Rubio. Creadora y directora
de www.tandemrural.com

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