Rosa María Calaf. Periodista

Podría decirse que se ha pasado toda la vida viajando. Empezó a hacerlo muy jovencita… y, hoy en día, sigue viajando sin parar…

La verdad es que es lo que más me gusta, pero supongo que también tiene que ver con mi personalidad: soy muy curiosa. Todo me interesa y me parece que de todo aprendo.

He podido ser lo que soy gracias a mi familia, que era muy viajera y que permitía y promovía desarrollar la curiosidad. Mi padre era un gran lector y mi abuelo materno, a principios del siglo XX, ya viajaba por negocios por medio mundo.
Y, por supuesto, a mis padres tengo que agradecerles la gran oportunidad que me dieron de poder estudiar en el extranjero, algo muy poco usual en los años cincuenta.

Mientras el cuerpo aguante, no pienso dejar de viajar. Cada año trato de hacer un gran viaje. Son viajes de pisar terreno, en mi coche, disponiendo de mis tiempos y eligiendo mis destinos.

Además, ha hecho de su vida profesional un viaje constante. Todos la conocemos por su trabajo como corresponsal de TVE, pero lo que muchos no saben es que usted lo que verdaderamente quería ser era diplomática.

En efecto. Estudié Derecho porque quería hacer carrera diplomática, dada mi afición por el exterior. Pero estando en la universidad, Radio Barcelona hizo un programa que se llamaba “Antena Universitaria” y participé en él. Entonces, abrieron la Escuela de Periodismo en Barcelona y decidí apuntarme y compaginarlo con Derecho, siendo este último mi prioridad académica. Cuando acabé mis estudios, Radio Barcelona buscaba a una chica para las primeras unidades móviles de España, a alguien que no fuera locutora, sino reportera, algo que entonces no había. La Escuela dio mi nombre, hice una prueba y me cogieron. Al poco tiempo, me ofrecieron también trabajar para Televisión Española en Barcelona. Así fue como, en apenas cinco meses, tuve clarísimo que lo que yo quería hacer era dedicarme al Periodismo y no la Diplomacia.

¿y cómo llegó a la corresponsalía?

La corresponsalía llegó 13 años después. En la televisión, empecé con magazines, luego haciendo cosas de sociedad y cultura en el telediario, etc., hasta que pasé a “Informe Semanal”, donde ya hice información exterior. En el año 83, planteé el tema de ser corresponsal, porque era lo que yo siempre había querido, y me mandaron  a Nueva York.

Ha sido corresponsal de TVE en la mencionada Nueva york, en Moscú, buenos Aires, Roma, Viena, hong Kong y Pekín. ¿Cuál de estos países o de esas etapas recuerda con mayor nostalgia?

Personalmente, me quedaría con Argentina porque allí tengo grandes amigos y es un país maravilloso, a pesar de los enormes problemas que tiene. Yo siempre digo que es mi segundo país. También me encanta Italia. La verdad  es que me cuesta decidir cuál de los dos elegir.

Pero, profesionalmente, probablemente, me quede con la etapa de la URSS porque a nivel informativo fue el fin de la Guerra Fría. La etapa de Asia, con el auge de China, también fue muy interesante.

Su labor profesional la ha consagrado como una periodista de referencia. A nivel personal, ¿qué se ha llevado Rosa María Calaf?

He tenido el enorme privilegio de poder saber realmente cómo vive la gente. Eso te hace tremendamente realista. Además, la gran lección que he aprendido es la humildad, el no pensar que lo nuestro es lo mejor, sino que hay que escuchar y ser capaz de entender a los que no son como nosotros.

Ir, volver, hacer maletas, deshacerlas, conocer gente, despedirse de ella. ¿Es duro a nivel emocional?

Sí, por supuesto. Esta vida un tanto nómada tiene una parte muy buena y otra muy mala. Es tremendamente dura porque eso que hace la gente durante toda la vida que es crearse un entorno, yo me lo tenía que crear cada cuatro años-que fue el tiempo que estuve en cada país como corresponsal-. Es una despedida permanente. Son unos afectos que sabes que vas a perder.  Pero, a la vez, te permite aprender mucho porque conoces a mucha gente muy diversa y, además, hace que tenga amigos en todas partes.

Ahora lo que estoy haciendo es viajar por muchos de esos países en los que he estado por trabajo -conozco 178 de los 192 reconocidos por la ONUpero visitándolos de otra forma y con más calma. En casi todos esos lugares a los que voy conozco gente.

Cuando uno convierte su profesión en un estilo de vida, ¿a qué tiene que renunciar?

Yo veo mi profesión de forma que no puedo separarla de mi vida. Para mí, el Periodismo no es un trabajo de ocho a tres, sino que es para siempre, todo el día y a todas las horas.

Esto implica que el primer sacrificio es que no dispones nunca de tu tiempo porque dependes siempre de lo que está pasando.

A finales de 2008 se acogió al ERE de RTVE. ¿Echa en falta su trabajo como corresponsal?

No, para nada. Estoy sorprendida porque pensaba que sí lo iba a echar de menos, pero la verdad es que no. Lo que quedó atrás me interesa por lo que he aprendido, sólo a beneficio de inventario. Lo que me interesa siempre es lo que tengo por delante. Y, en este sentido, me siento tremendamente privilegiada porque no paro. Estoy muy agracedida de la cantidad de ofertas, sobre todo variadas, que recibo.

La otra razón por lo que tampoco echo de menos mi trabajo como corresponsal es porque no me gusta nada cómo se hace la información audiovisual ahora: con prisa, mezclando espectáculo con información, y con unos medios que defienden más sus intereses empresariales que el dar una información útil y
veraz. Hoy en día, se va más a lo que impacta que a lo que importa. No me gusta este periodismo y prefiero estar fuera.

Tras una larguísima trayectoria en TVE, recibe una carta en la que le anuncian la jubilación casi obligada. Qué duro,¿no?

Sí, sí, estaba completamente indignada. Escribí una carta a la entonces directora general de RTVE, Carmen Caffarel, a la que nunca me contestó después de trabajar 36 años en el ente público. Lo que se hizo con RTVE fue un vaciamento de la memoria histórica y de la experiencia de la empresa.

Además, la institución -pública ha gastado mucho en formarte y cuando estás formado no te aprovechan. He estado en multitud de foros de debate y en instituciones de enseñanza desde entonces, pero, en cambio, nunca me han llamado del Instituto de RTVE. En lugar de estrujarte porque te han formado ellos, “pasan” de ti. Esto es un ejemplo de cómo funcionan las cosas.

¿Puede decirnos a qué dedica su tiempo en la actualidad?

Sobre todo, a colaborar con ONGs, universidades y centros de enseñanaza, y asociaciones de todo tipo. También, con el IMSERSO para explicar, precisamente, lo importante que es aprovechar   la vejez y tener un envejecimiento activo. Si tienes salud, el hacerse mayor es maravilloso. Yo me siento en la mejor etapa de mi vida.

Me han ofrecido muchas cosas en televisión, pero no quiero nada fijo porque quiero seguir disponiendo de mi tiempo para viajar, que sigue siendo mi gran pasión.

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